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domingo, 13 de marzo de 2011

Sevilla tendrá que esperar para ver la Salvación

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Sólo los hermanos de la Soledad de San Buenaventura saben lo que han tenido que luchar para llegar al día de ayer. Sólo ellos han sido los testigos directos de la negativa franciscana cuando, tras aprobar en un cabildo que el Señor procesionara el Viernes Santo, se les bloqueó el proyecto por las “necesidades pastorales” del amplio templo.

A veces, se habló con más o menos seriedad de que el paso esperara en la calle y el Cristo se subiera en él sin que éste llegara a pisar el templo. O, incluso, barajar la salida de la cofradía desde otro templo como el Santo Ángel.



Sólo los hermanos de San Buenaventura sabían que lo suyo con el Cristo de la Salvación nunca iba a ser fácil. Ni siquiera cuando, desde la junta de gobierno, no se barajó la salida extraordinaria con motivo de su 75 aniversario y tuvo que ser el grupo joven el que empezara a liderar un proyecto que se vio arropado por las voces más maduras de la cofradía.
Nadie les dijo que fuera a ser fácil. Lo corroboró la negativa de Palacio a que el crucificado entrara en la Catedral, en un paso, en plena Cuaresma porque no era apropiado. La misma Catedral que ha recibido pasos de insignificantes devociones a diestro y siniestro, cruces de mayo, conciertos de “Siempre Así” o ha tocado en el antiguo órgano el himno del centenario del Sevilla cuando este llegaba para presentar a la Patrona algún trofeo.
Nadie les dijo que fuera a ser fácil. Pero para el día de ayer, a pesar de no tener abiertas las puertas de la Catedral, habían conseguido cerrar un itinerario precioso, recorriendo numerosos templos donde rezar las estaciones del Via Crucis.
Y lo que no consiguió el hombre, con sus decisiones, lo ha hecho el destino con la meteorología. Ayer llovió en Sevilla con la suficiente debilidad como para hacer que la hermandad desistiera en su empeño.
Las gubias de Manuel Cerquera habían soñado verlo en un paso. Nadie les dijo que fuera a ser fácil pero, en los últimos meses, la llegada de un nuevo Guardián franciscano al convento ha provocado que, en algo, cambien las cosas. De momento, ya ha jurado las reglas de la hermandad y está contagiado por el entusiasmo de todos los que la componen. Puede que no haya que esperar otros 75 años para volverlo a ver en un paso. Al fin y al cabo, dicen que, a veces, las cosas que más se disfrutan son las que más trabajo cuesta conseguir.











Fotos Daniel Valencia

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